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El héroe discreto
viernes, septiembre 20, 2013Literatura
Escritor: Mario Vargas Llosa
Año: 2013
País: Perú - España
Felícito Yanaqué es el dueño de una exitosa empresa de transportes de la ciudad de Piura que recibirá amenazas a través de una carta para pagar una mensualidad si es que no desea correr peligro alguno, sin embargo en su determinación decidirá no seguir aquel chantaje y hará lo posible para encontrar a los autores de aquellas cartas. A la vez, en la ciudad de Lima, Don Rigoberto es un señor que desea adelantar unos años su jubilación para poder disfrutar con su familia plenamente de sus últimos años, además de dedicar más tiempo a su pasión por el arte y la cultura, no obstante, aquello se va viendo obstaculizado por su buen amigo y jefe, Ismael Carrera, que al darse cuenta que desea vivir la vida antes que sea demasiado tarde, envolverá a Don Rigoberto en un tremendo lío, al cuál se sumarán las apariciones extrañas que sufre su hijo adolescente Fonchito. Ambas situaciones relatadas paralelamente encontraran puntos en común en los temas, e incluso algunas situaciones y personajes que terminaran entrelazando ambas líneas narrativas.
Esta novela ha sido recientemente publicada por el enormemente laureado escritor peruano-español, Mario Vargas Llosa, donde queda claro el cierto olor de la nostalgia impregnada en muchos pasajes, pues el autor retomará no solo algunos personajes que lo han acompañado desde casi los inicios como escritor cuando aún era estudiante como Lituma, y algunos posteriores como Don Rigoberto, Fonchito, Lucrecia o Los inconquistables, sino que también regresará a hilar historias bajo temas que antes ha sabido manejar con maestría y que lo han continuado persiguiendo, como es el de la relación padre-hijo y las consecuencias de la forma de crianza.
Pero si antes parecía que el autor nos hablaba desde el lugar del hijo, hoy parece tomar la posición del personaje de mayor edad que va entendiendo el paso del tiempo y cómo este continúa su rumbo sin descanso y el detenerse un instante a reflexionar sobre ello es algo enormemente valioso, pues puede darnos la posibilidad de disfrutar lo último que nos pueda quedar y afrontar la muerte sonriendo. Prueba de ese paso del tiempo del cual la obra, y con ello el mismo autor, se encuentran reflexionando, son momentos como la visita de Lituma a sus amigos de la infancia y adolescencia que aparecen en La Casa Verde, las consideraciones sobre la edad y la vida monótona o no ideal de los personajes de mayor edad que les permite entender que deben aprovechar de mejor manera lo que les resta.
Aquello será conectado con la relación padre-hijo, además de la cultura y el erotismo como elementos necesarios para que el hombre pueda sentirse completo y disfrutando a plenitud la vida. Gran parte de los personajes hombres de la novela pueden ser ordenados en una cadena que simbólicamente habla sobre la humanidad, el progreso y la sociedad actual, en especial en esta época de crecimiento económico continuo que ha vivido el Perú en más de una década. Así en el primer escalón está el padre de Felícito, que para salir adelante, desde abajo en una sociedad con enormes problemas sociales y económicos, dedicó toda su vida en trabajar, casi una inmolación para darle una mejor oportunidad a su hijo, el cual ocuparía el siguiente peldaño, pues pudo estudiar y con ello obtuvo mejores oportunidades, llevándolo a tener una empresa bastante prospera, aunque tras una vida dedicada casi plenamente al esfuerzo como su padre, pero con ello permite darle mejores chances a sus hijos que heredarán esa empresa y que sin duda tienen mejores condiciones socio económicas que su padre Felícito, lo cual los ubicaría en el siguiente escalón de esta cadena, pero que no es profundizada, pero sí lo son los otros escalones que están en la otra línea narrativa, donde la condición económica es mucho mejor, y ahí aparece Rigoberto que tiene grandes comodidades y que ha podido dar un espacio a otras actividades fuera del trabajo como es su gusto por el arte, pero que evidencia no estar del todo conforme con la vida que ha llevado, pues pareciera que se convirtió en abogado porque daba mucha mayor seguridad que aventurarse por el arte (saliéndonos de la obra, esto podría ser una clara referencia al mismo Vargas Llosa pero si hubiese continuado su idea inicial de estudiar Derecho antes que continuar con aquello que lo apasionaba). Rigoberto, es además, el que parece entender que debe dedicarle más tiempo a su familia y a su hijo Fonchito, lo cual es favorable para este último en ser un joven bastante despierto, inteligente, curioso, culto y hasta lúcido para no ser aún adulto. Este chico sin duda es el símbolo de la juventud que tiene un hogar sólido, fuerte y saludable y que le permite seguir las decisiones que sienta las mejores para su futuro como adulto, a gran diferencia de todos los anteriores personajes mencionados. Es por ello que es importante el problema que genera Edilberto Torres, persona que ve o cree ver Fonchito, pues permite mostrar la sensibilidad del joven para poder ver -o no- a ese señor misterioso que se muestra totalmente arrepentido por los errores que cometió.
Sin embargo, el personaje de Ismael no cabe en esta línea que es trazada, pues a pesar de ser alguien muy adinerado, se ha dado casi con total integridad al trabajo y solo en el ocaso de su vida busca otras experiencias, pero esto aporta a la estructura de la novela al revelar que la decisión de buscar en las letras o las artes aquello que pueda completar totalmente al ser humano termina siendo algo que no está llevado directamente de la mano con una mejor condición económica, pero que sin duda el tener mayores comodidades permite sentirse con mayor seguridad y confianza en aventurarse al mundo con la dosis de locura necesarias para dejarse llevar por la pasión antes que aquello que asegure económicamente el futuro. De tal manera, Ismael decidió dedicarse más a trabajar para hacer de su empresa una de las más exitosas y prestigiosas del país, mientras que Fonchito parece ser un personaje totalmente opuesto, y que puede deberse a que su padre, un hombre culto y correcto le ha dado la educación necesaria, y en menor medida Lucrecia, su madrastra.
Por otro lado, hay una severa crítica a la sociedad actual expresado en los personajes que son los autores de las cartas amenazadoras o por ejemplo en los hijos de Ismael, que se pelean por la herencia de su padre, tanto que desean que este último muera de una vez, además es evidente que el periodismo amarillo que gobierna es una muestra aun más contundente que se contrapone a la cultura, incluso Rigoberto considera que sus libros son una muralla que ha construido contra la barbarie que prospera en el mundo, y es interesante ver cómo todo el embrollo por el que pasa en la historia gracias a los hijos de Ismael y al periodismo de pasquines son los autores de la cancelación del viaje cultural a Europa que tanto deseaba hacer con su familia.
Aquello será conectado con la relación padre-hijo, además de la cultura y el erotismo como elementos necesarios para que el hombre pueda sentirse completo y disfrutando a plenitud la vida. Gran parte de los personajes hombres de la novela pueden ser ordenados en una cadena que simbólicamente habla sobre la humanidad, el progreso y la sociedad actual, en especial en esta época de crecimiento económico continuo que ha vivido el Perú en más de una década. Así en el primer escalón está el padre de Felícito, que para salir adelante, desde abajo en una sociedad con enormes problemas sociales y económicos, dedicó toda su vida en trabajar, casi una inmolación para darle una mejor oportunidad a su hijo, el cual ocuparía el siguiente peldaño, pues pudo estudiar y con ello obtuvo mejores oportunidades, llevándolo a tener una empresa bastante prospera, aunque tras una vida dedicada casi plenamente al esfuerzo como su padre, pero con ello permite darle mejores chances a sus hijos que heredarán esa empresa y que sin duda tienen mejores condiciones socio económicas que su padre Felícito, lo cual los ubicaría en el siguiente escalón de esta cadena, pero que no es profundizada, pero sí lo son los otros escalones que están en la otra línea narrativa, donde la condición económica es mucho mejor, y ahí aparece Rigoberto que tiene grandes comodidades y que ha podido dar un espacio a otras actividades fuera del trabajo como es su gusto por el arte, pero que evidencia no estar del todo conforme con la vida que ha llevado, pues pareciera que se convirtió en abogado porque daba mucha mayor seguridad que aventurarse por el arte (saliéndonos de la obra, esto podría ser una clara referencia al mismo Vargas Llosa pero si hubiese continuado su idea inicial de estudiar Derecho antes que continuar con aquello que lo apasionaba). Rigoberto, es además, el que parece entender que debe dedicarle más tiempo a su familia y a su hijo Fonchito, lo cual es favorable para este último en ser un joven bastante despierto, inteligente, curioso, culto y hasta lúcido para no ser aún adulto. Este chico sin duda es el símbolo de la juventud que tiene un hogar sólido, fuerte y saludable y que le permite seguir las decisiones que sienta las mejores para su futuro como adulto, a gran diferencia de todos los anteriores personajes mencionados. Es por ello que es importante el problema que genera Edilberto Torres, persona que ve o cree ver Fonchito, pues permite mostrar la sensibilidad del joven para poder ver -o no- a ese señor misterioso que se muestra totalmente arrepentido por los errores que cometió.
Sin embargo, el personaje de Ismael no cabe en esta línea que es trazada, pues a pesar de ser alguien muy adinerado, se ha dado casi con total integridad al trabajo y solo en el ocaso de su vida busca otras experiencias, pero esto aporta a la estructura de la novela al revelar que la decisión de buscar en las letras o las artes aquello que pueda completar totalmente al ser humano termina siendo algo que no está llevado directamente de la mano con una mejor condición económica, pero que sin duda el tener mayores comodidades permite sentirse con mayor seguridad y confianza en aventurarse al mundo con la dosis de locura necesarias para dejarse llevar por la pasión antes que aquello que asegure económicamente el futuro. De tal manera, Ismael decidió dedicarse más a trabajar para hacer de su empresa una de las más exitosas y prestigiosas del país, mientras que Fonchito parece ser un personaje totalmente opuesto, y que puede deberse a que su padre, un hombre culto y correcto le ha dado la educación necesaria, y en menor medida Lucrecia, su madrastra.
Por otro lado, hay una severa crítica a la sociedad actual expresado en los personajes que son los autores de las cartas amenazadoras o por ejemplo en los hijos de Ismael, que se pelean por la herencia de su padre, tanto que desean que este último muera de una vez, además es evidente que el periodismo amarillo que gobierna es una muestra aun más contundente que se contrapone a la cultura, incluso Rigoberto considera que sus libros son una muralla que ha construido contra la barbarie que prospera en el mundo, y es interesante ver cómo todo el embrollo por el que pasa en la historia gracias a los hijos de Ismael y al periodismo de pasquines son los autores de la cancelación del viaje cultural a Europa que tanto deseaba hacer con su familia.
Otro elemento importantísimo para los hombres de esta novela, son las relaciones sexuales, pero no en su expresión puramente carnal, sino rodeadas del amor que les pueda dar una pareja. E incluso existe una crítica al sexo cotidiano, monótono y automático de las parejas que termina por echar a perder toda la riqueza que ofrece el acto, lo cual parece ser un elemento que hasta puede llegar resquebrajar una relación y mantenerla solo por inercia en lugar de ser armoniosa y sacarle el máximo provecho (como todas las demás actividades de la vida). La monótona relación entre Felícito y su esposa, es llenada por el primero con una amante joven y bella, a la vez que la segunda se decanta por la religión, mientras que de un modo similar lo hace Ismael, del que no se cuenta muchos detalles, pero que es evidente ese gran espacio que ocupaba su esposa y que tras su muerte decide llenarlo con el renovado cariño de una jovencita (de nuevo la juventud como un privilegio a los ojos de los que se encuentran viendo las últimas luces de su vida sumergiéndose en el ocaso piurano o limeño). Por otro lado, Rigoberto, que es una persona mucho más culta, sí lleva una vida sexual enriquecida por el erotismo con Lucrecia, que si bien no es alguien totalmente interesada al arte, parece ser alguien no totalmente apartada de ello, pero que es una religiosa practicante (aunque aparentemente en menor medida que la esposa de Don Felicíto).
En conclusión, esta obra termina mostrándonos la misma nostalgia que ya había estado presente en su publicación anterior La civilización del espectáculo, y que incluso, sorpresivamente para lo que aparentaba ser esta novela en un inicio, termina tocando algunos de los temas principales que desarrollo en ese ensayo de su concepción del mundo actual, tal y como lo mencioné en la revisión que hice hace un mes. En unas palabras más simples, esta bien podría decirse que es una novela basada en algunos puntos de ese mismo ensayo publicado en el 2012 y que es situada en el Perú actual. Aunque, a mi modo los temas de su ensayo no son del todo bien armados en la estructura de la novela, además hay algunos cabos sueltos en el argumento que no terminan de cuajar y que no son menores, pues ocupan gran espacio en el libro, como la molestia de los hijos de Felícito e Ismael, que queda de manera endeble, la visita de Lituma a sus amigos del pasado, que si bien es importante para los temas que se tocan, queda en el aire dentro de la historia y hasta casi es relacionada de manera muy forzada en la columna argumental de la novela. Otro de sus fuertes es sin duda la calidad narrativa, que es reconfortante al comprobar que el nivel técnico de Vargas Llosa sigue estando a un enorme nivel a pesar de estar lejos de sus mejores trabajos. Todo ello nos da una novela que no está en el grupo de sus obras maestras pero no deja de ser una de un mediano-buen nivel.
Calificación: 5.7/10

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