Película
Director: George Ovashvili
Año: 2014
País: Georgia
Título en inglés: Corn Island
Título original: Simindis kundzuli
Un abuelo y su nieta encontrarán
el lugar ideal para poder asentarse, plantar y cosechar maíz en una pequeña
isla en el río Enguri, en los límites de Georgia y la región Abjasia donde
ocurre una guerra civil.
Corn Island es una de las
películas que más me llamaba la atención del Festival al este de Lima por los
comentarios que había escuchado, pero tras verla e investigar un poco más sobre
ella descubrí que ya venía con numerosos galardones a su espalda, resaltando el
Globo de Cristal del Festival de Karlovy Vary hace un año, además de ser
finalista en la pre selección de las nominadas al Oscar a mejor película
extranjera. Y llegue a encontrarme en
desacuerdo con todos esos reconocimientos, porque este filme bien pudo haber
merecido más, pues es un trabajo excelente que no esperaba.
Hay una constante paciencia con
la que se va mostrando en detalle todo lo que va ocurriendo desde el primer
encuentro con esta pequeña y fértil isla, y sobre la que un hombre mayor irá levantando
un sencillo lugar, paso a paso, dando espacio para que se sientan los
personajes, su tranquilidad, esperanza, su conexión con la naturaleza, en la
que pareciera que humildemente se buscaron un rincón abandonado pero que puede
ser suficiente para ambos. Todo ello, sumado al esfuerzo del hombre para llevar
a cabo su pequeña obra, permite una conexión con el espectador, pues hemos sido
testigos de la construcción al punto de comprender todo lo que este hombre y su
hija están poniendo sobre el lugar y todo lo que significa. En ese sentido, la
casi ausencia de diálogos sirve para que el peso expresivo sea llevado por los
sonidos, las imágenes, las miradas de los personajes y sus gestos permitiendo a
su vez, que se pueda transmitir esa permanente sensibilidad del filme.
Simbólicamente los protagonistas
se contraponen; un hombre de avanzada edad y una niña que está creciendo,
descubriéndose, dejando escapar sensualidad. Uno se encuentra en el final de su
vida, mientras que ella apenas empieza una, ambos se complementan, ella es
huérfana necesitando de su protección, a la vez que el viejo hombre parece
encuentra mayor explicación a todo el empeño que ha puesto en su nieta, que
está a su lado, acompañándolo en esta aventura cuanto se puede. De la misma forma,
es sugerente que este lugar apartado (e inicialmente inalterado por la mano del
hombre) se haya en medio de un cruce de fuego debido a una guerra, añadiendo
una tensión de que estos enfrentamientos militares puedan de alguna manera
dañar algo tan puro y natural como estos protagonistas que solo buscan algo tan
básico como poder vivir tranquilamente, muestra de ello es que lo hacen yendo a
una pequeña porción de tierra ligeramente aislada del resto de suelo firme.
Hacia la segunda parte de la película se irá complicando este apacible lugar,
de pocos viéndose amenazado por la barbarie humana siendo la niña la primera en
sentirse en peligro, al ser vista más bien como una jovencita, algo natural de
encontrarse en una etapa de crecimiento que se refleja, entre otros elementos,
en la muñeca que carga casi siempre consigo, hasta que las preocupaciones van
en aumento siendo dejada a un lado en un rincón de la rústica casita sobre la
isla y que vuelve a aparecer el final. Entre esos encuentros con la guerra que
los rodea, llega a caer un hombre herido sobre las plantas de maíz, siendo
acogido por el abuelo que a pesar que se mantiene al margen de todo ello, no
puede despegarse de su sensibilidad, de su humanidad, de valorar la vida y del
que luego alimentará hasta que se recupere, arriesgándose cuidándolo de
aquellos que lo buscan para matarlo, algo que para ellos es normal, por esa
falta de respeto hacia la naturaleza, hacia los animales (como el venado al que
disparan), hacia el prójimo, característico del hombre contemporáneo
representados en estos peones mandados a matarse unos a otros por razones
ajenas a algunas personas comunes como los protagonistas.
.Spoilers.
Curiosamente, la crueldad del
hombre mismo ni si quiera puede compararse al poder de la naturaleza, que es
implacable e incontrolable dando un golpe devastador a esta isla que hemos
visto nacer, para verla despedazarse, en un potente y doloroso final donde se
intenta salvar lo primordial, toda la cosecha que se pueda y, sobre todo, a la
niña con su juventud y que crecerá aún más con esta experiencia, por otro lado,
en la isla, junto a las maderas sobre
las que edificó su recinto, el viejo en vano intentará sostenerlo conservando
las esperanzas que tuvo desde un inicio, hasta que queda sepultado por su propia
e ingenua creación que subestimó la naturaleza, ahí va sumergiéndose entre las
aguas de la lluvia y el río.
Como si volviese a empezar la
película, un hombre aparece en su bote y llega a una minúscula isla, descubre a
una muñeca, una marca del pasado que se mantiene aún luego del desastre final.
Aun así, la tierra parece ser de nuevo un buen lugar para empezar.
Vida y muerte hacen un ciclo, y
la vida de nuevo, que no se detendrá.
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