Semana del cine Ulima 2018: El largo viaje del día hacia la noche

Un hombre regresa al pueblo de Kaili para buscar la mujer que amó, intercaladamente se les ve a ellos jóvenes conociéndose y desarrollan...



Un hombre regresa al pueblo de Kaili para buscar la mujer que amó, intercaladamente se les ve a ellos jóvenes conociéndose y desarrollando su relación. Hasta que llega la noche en la que la encontrará luego de años, esperará que sea la hora entrando a un cine y con ello a un inesperado y largo viaje nocturno.

Bi Gan es un director chino de apenas 29 años y ya es una de las apariciones más sorprendentes en el panorama internacional cinematográfico de los últimos años. Ya había sorprendido con la obra maestra ‘Kaili Blues’, su primer largometraje con solo 26 años, una de las grandes películas del último lustro. Y es preciso mencionarla pues comparten mucho en común temática y formalmente. Se retoma el lugar central que tiene el tiempo, sea para adentrarse en el pasado a través de los recuerdos y los sueños para cuestionar la veracidad de estos, así como el tiempo extendido con los magistrales pasajes de planos secuencias (en su primera obra de 40 minutos, esta vez llega a la hora) con cámara en movimiento que reflexionan sobre la dilatación temporal, lo exhaustivo que puede resultar, pero a su vez fluido, como conteniendo un pequeño infinito, un pequeño lugar donde el tiempo está estancado. Esta vez Bi Gan es aún más audaz y no solo se queda en repetir la misma fórmula, sino que decide utilizar el 3D  para resaltar la fluidez otorgándole profundidad visual y con ello espacio para la libertad en esta segunda mitad que le pertenece al extenso plano sin cortes, para mostrar una perspectiva distinta a la realista de la primera parte. Al ser un sueño es una construcción, un reflejo, un mundo construido como una copia de distintos pedazos de nuestra realidad, de nuestras vivencias y recuerdos. 

Bi Gan trabaja la primera mitad real saltando de un lado a otro de manera intercalada entre la historia del pasado de cómo se dio esta relación misteriosa y peligrosa, así como del hombre mayor en busca de la mujer de su vida, esa búsqueda tan clásica, del amor insuperable, del hombre asaltado por la edad y las canas que arrastra con las cadenas de su pasado, de algo que no se dio, que no se pudo, que fue truncado dolorosamente. Diálogos poéticos e imágenes simbólicas llevadas a tal punto que esa parte realista empieza a tambalear y cuestionarse, se filtra lo mágico, se habla de hechizos, se remite a mitos del eterno retorno, del tiempo como un círculo inacabable, de las carreteras, los caminos, los autos, los puentes, los rieles como vías para moverse, pero un movimiento que nunca se acaba, de un lado a otro, de un camino a otro, de un medio de transporte a otro, es el viaje sin fin, moverse para volver al mismo punto, movimiento inmóvil e inútil, también peligroso, como el veneno de la víbora que se ve intentando morder al protagonista a través del vidrio, otro símbolo del círculo inescapable. Los amantes se ven atrapados, sin salida, sin escapatoria, ella dice que se siente como en una cárcel, que este otro hombre no la dejará huir, que no tiene manera de huir de él, no importa a dónde vaya. Ambos se recluyen en su amor, pero parece inevitable, nunca salen del túnel por más que se avisora la salida en una toma de fuerte contenido simbólico como lo es gran parte del filme. Así como esa agua que se filtra de las lluvias empozada en la habitación, los retiene, no es la dinámica agua que fluye, es el agua estancada, como ellos, como él en el presente, buscando a su amor, volviendo a su pasado, al origen del que no puede escapar volviendo a Kaili, tal cual pasaba en su primer largometraje (al parecer el mismo director proyecta en su obra este vínculo irrompible con su natal Kaili, debe volver en sus historias a través de sus personajes que emprenden ese viaje de retorno junto a él).

Ella dice que el cine es una falsedad, por eso no le gusta. Tiene razón, es una mentira, puede parecerse a la realidad pero no la es, es una representación, tal cual los sueños, son también falsos, solo beben de los recuerdos que a su vez beben de la realidad. Este paralelo distorsionador converge cuando va a una vieja sala de cine a esperar para ver más tarde a su amada. Se pone los lentes 3D y la oscuridad toma la pantalla, sale el título del filme recién en este momento, quizás no sea exagerado decir que la primera hora es solo la introducción, esta segunda es realmente el corazón que Bi Gan quería mostrarnos, es el que da el título a la película, es el largo viaje a lo largo de la noche, y como se sabe la noche es ese lugar donde se encuentran ocultos nuestros más grandes deseos y sentimientos, ahí afloran, entre las sombras, así como también entre los sueños. Será un collage de todo lo que vimos al inicio, esa es la materia prima de esta segunda parte: personajes, lugares, frutas, detalles de todo tipo que hacen referencia su contraparte realista. Otra vez de viaje, otra vez en constante transición y movimiento, del que el personaje quiere escapar, pues es su última oportunidad de verla, si no escapa de ese mundo/sueño nocturno en el que está atrapado, no podrá llegar a tiempo para verla. Quizás acá se ven algunos de los problemas de la película, se desvía por momentos demasiado, situaciones innecesarias como las de perseguir a una mujer con una antorcha solo para luego robarle su reloj. Además de pecar de preciosimo, en una -a veces- búsqueda por una belleza innecesaria, superfluo esteticismo, solo para mostrar el perfecto trabajo de relojería de su obra, lo cual le resta a la naturalidad orgánica del amor y los sentimientos más profundos que afloran oníricamente. 

El tiempo se extiende, no hay cuándo acabe la toma, seguimos al protagonista y a una nueva chica que se parece mucho a ella, también parece estar basada en el amor de su vida, al punto que se confunden, ¿será ella en verdad?, ¿realmente esto es un sueño?, ¿cómo saberlo? Quizás ya no importa, solo se siente bien con esta mujer, empiezan a volar para huir, para salir de lo que los encierra, de su cárcel, esa parece es la única manera de huir del peso muerto de los recuerdos, de lo que ya pasó. Volar con un beso, hacer que todo vuele, flotar durante ese momento, desaparecer los límites de las paredes, los barrotes, ir más allá, de un lado a otro libremente, hasta que acabe ese pequeño infinito, hacer ese beso mágico tan poderoso que se extiende tanto, se dilata tanto que lo efímero empieza a confundirse con lo perpetuo.

Ya acabará, todo terminará, pero todavía no, todavía no, todavía se puede flotar.

8.5/10

Director: Bi Gan

Título en inglés: Long Day’s Journey Into the Night
Título original: Di qiu zui hou de ye wan
País: China
Año: 2018


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